Tu hijo dejará de tener miedo al agua

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Tu hijo dejará de tener miedo al agua

Régis Aires 07 Jun 2016
Líder de diálogo en Nabaiji y nadador profesional

El agua puede generar mucha ansiedad a los niños. Nabaiji te da algunos consejos para que tu pequeño nade feliz.

Para algunos niños, el agua no es una zona de juego, sino un peligro muy real. ¿Puede haber algo más frustrante que no poder compartir los placeres del baño con tu propio hijo, sobre todo ahora que se acerca el buen tiempo? Nabaiji te da algunos consejos para comprender este temor, hacer que lo supere y ayudarle a reconciliarse con este nuevo entorno:

La actitud que hay que adoptar

¡Relativízalo! El miedo al agua se “cura”. Casi una cuarta parte de la población tiene miedo al agua y, por suerte, no es algo irreversible.

Si tu hijo no se siente cómodo en un entorno acuático, lo más importante es que no lo fuerces de ninguna manera. Burlarse, infravalorarlo o compararlo con otros niños solo hará que se sienta más angustiado. Por otro lado, razonar con él será normalmente una pérdida de tiempo.

Lo mejor es calmarlo y reconfortarlo, para que se sienta seguro. Trata de escucharlo y de entenderlo, para acompañarlo, tranquilizarlo y transmitirle confianza.

Comprender su miedo al agua

De manera espontánea, lo más habitual es que un niño se sienta cómodo en el agua. Para él es un elemento agradable, donde pasarlo bien y relajarse.
Los orígenes del miedo al agua pueden ser múltiples y variados, y este temor también puede adoptar diversas formas, que difieren de un niño a otro. Por lo general, el miedo procede de un trauma o del entorno. Por lo tanto, la verdadera cuestión es: ¿su miedo al agua se debe al elemento en sí mismo?

  • Una mala experiencia: ¿Se ha tragado agua o se ha quemado al bañarse? ¿El champú le ha irritado los ojos? ¿Ha habido ruidos, empujones o salpicaduras en una piscina abarrotada de gente? El niño puede asociar de manera inconsciente y sistemática todas esas experiencias desagradables o dolorosas con el agua. Trata de acompañarlo y de ayudarlo a recuperar la confianza.
  • Un mal recuerdo: si ha presenciado una discusión entre sus padres mientras lo bañaban o si tiene tendencia a tener pesadillas relacionadas con el agua… Todos esos malos recuerdos pueden hacer que relacione el elemento acuático con este tipo de situaciones angustiosas. Habla con él y tranquilízalo. Si el problema persiste, puedes recurrir a un psicólogo para que lo ayude a superarlo.
  • La angustia de los padres: si los padres también tienen miedo al agua o un cierto temor a meter al niño en el agua, corren el riesgo de que el propio niño se dé cuenta y de transmitirle esa ansiedad. En este caso, trata de “dominar” este entorno para no proyectarle tus propios miedos al niño.
  • El miedo a un elemento en movimiento: lo que puede resultar muy poco tranquilizador, incluso para un niño iniciado, es acercarse a un entorno acuático natural. Este tipo de masas acuáticas no se parecen ni a una piscina ni a una bañera, y pueden generar ansiedad e incluso pánico en el niño.
  • El miedo a lo desconocido: el problema en un entorno natural también se debe a la ausencia de fondo. El niño puede no sentirse cómodo en un lugar en el que no ve lo que hay bajo el agua. Cómprale unas gafas de natación o una máscara y acompáñalo para mostrarle que no hay ningún peligro, que se pueden abrir los ojos debajo del agua, hablar bajo el agua y que solo hay que relajarse.

Ayudarle a superar el miedo

Para ayudar a tu hijo a reconciliarse con el agua, acompáñalo en su aprendizaje paso a paso, respetando su propio ritmo y estableciendo una relación de confianza. Es él quien debe elegir el momento en que se lanzará. No tengas prisa, algunos niños necesitan más tiempo que otros.

Para que se lance, tienes que reunir todas las condiciones ideales para transmitirle al niño unas sensaciones acuáticas positivas, que compensen sus experiencias desagradables: que el sitio sea familiar, que el agua esté a una buena temperatura, que no haya mucha gente ni mucho ruido, que el niño esté en forma…

Familiarízalo con este entorno metiéndote con él en el agua para que se moje las piernas. Si tú o tu hijo no os sentís a gusto, no vayas más lejos y deja que disfrute chapoteando contigo. Es un momento muy bonito, disfrútalo.

Luego, puedes ayudarle a sentirse cómodo en este entorno jugando con él en el borde del agua, por ejemplo con un balón o un cubo, para que se sienta fuerte y autónomo. Las salpicaduras y el agua sobre su cuerpo formarán parte de sus experiencias y el niño se liberará de sus temores.

Llegado el momento, podrás entrar en el agua con tu hijo y hacer que se interese por su entorno, por juguetes que floten… Poco a poco, llegará un momento en que se soltará de tus brazos.

Por último, como padres, no tengáis miedo de saltar y de divertiros en el agua, de cantar en la ducha y de pasarlo bien en contacto con el agua. ¡Dadle ejemplo!

Por | 2018-04-03T13:18:26+00:00 junio 7, 2016|Forma física y bienestar, Natación|Sin comentarios

Acerca del autor:

Régis Aires
Líder de diálogo en Nabaiji y nadador profesional

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